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“He llorado mucho pero también reído en GAMBÍN”

Entrevista Marlen

Su nombre es María Rufete Cruz pero sus compañeros solo sabrán decirte quién es si preguntas por Marlen, guiño al país que la vio nacer. Así es como la conoce todo el mundo en GAMBÍN, aunque más bien habría que decirlo al revés: es ella quien conoce a todas y cada una de las personas que están o han pasado por la empresa. 30 años después de su incorporación a la plantilla –con un paréntesis por maternidad desde 1995 a 2001–, no hay un rincón de las instalaciones de Cox que guarden secretos para ella.

La suya es una historia de crecimiento personal y sobre todo profesional dentro de la empresa. De enriquecimiento propio y para cualquiera que ha tenido o tiene el placer de trabajar con ella. “Entré en GAMBÍN cuando tenía 17 años y mi tarea era limpiar y envasar. Hasta que un día la propiedad me propuso entrar en la oficina de lo que entonces era la venta. Entonces no había nada de exportación, era todo nacional o de mercados de proximidad”, explica. Recuerda aquel periodo como “una época durísima, porque yo no sabía desenvolverme muy bien. Era más bien tímida, pero con paciencia, dedicación y muchas horas conseguí aprender”, asegura. Ejerció de encargada del almacén de la fruta, supervisora del mercado y responsable de caja, entre otros puestos.

DE LIMPIADORA A COMERCIAL DE EXPORTACIÓN

Tal fue su progresión que tiempo después, en un 2012 en el que la empresa había dado un giro considerable hacia el mercado de exportación, pasó a formar parte del equipo encargado de la comercialización internacional. Una división actualmente conformada por tres integrantes: ella, Fran y Joaquín.

Al mirar atrás y pensar en su progresión dentro de GAMBÍN, se siente orgullosa. “Es una satisfacción muy grande que los propietarios hayan confiado en mí, seguir en la empresa y poder haber evolucionado de esta forma”, reconoce. El esfuerzo, asegura, ha tenido recompensa. Aunque reconoce que nada habría sido posible sin la filosofía de sus superiores. “Pepe Gambín es mucho más que un director. Enseña y corrige, pero además es el que lleva el peso. Eso hace que un trabajador se sienta apoyado, y que no lo vea como un jefe, porque todo lo que explica o lo que pide es el primero que lo hace”, detalla.

MOTIVADA POR LA EVOLUCIÓN CONSTANTE

Marlen considera que esto es uno de los rasgos diferenciales que sitúan a la compañía como una referencia en la zona. “Las oportunidades que se dan a un trabajador de evolucionar, el modo de tratarlos, de cuidarlos, las instalaciones y la seguridad que se les da, es algo muy a tener en cuenta”, valora.

Reconoce haber llorado en GAMBÍN, pero también reído mucho. “Es como mi casa, mi familia. Con las familias se ríe y se llora”, destaca. En cuanto al futuro, lo tiene claro: “Me veo siempre yendo a mejor, evolucionando. La superación día a día es constante en la empresa, y los trabajadores la seguimos. Aquí es fácil sentirse valorado. Y lo mejor de todo es que no tienes que pedirlo, es la propia empresa quien te lo reconoce. Por eso la motivación es doble”, concluye.