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“Después de 31 años en GAMBÍN, no me imagino estar en otro sitio”

Manuel Carmona

Entró un día en la oficina para cubrir una plaza. Era el año 1989. Desde entonces, Manuel José Carmona no ha vuelto a faltar ni un sólo día, más que por vacaciones o festivos. A veces ni eso. “Tengo dependencia de GAMBÍN. Como vivo aquí enfrente, aunque sea fin de semana me bajo un rato para organizar la tarea. Para mí esto es una extensión de mi casa”, asegura. Quién lo iba a imaginar cuando, a las pocas semanas de empezar y con una asignatura para terminar sus estudios de Graduado Social, le transmitió a su tío Quino que se estaba agobiando. “Le dije que iba a estar una semana pensándomelo: han pasado 31 años y aquí sigo”, sonríe. Carmona, nacido y criado en Cox, lleva GAMBÍN en las venas. Dentro de ella ha pasado por todos los departamentos. “Contabilidad, gestión de cobros, recursos humanos… Excepto labores de almacén, he hecho de todo”, asegura. Actualmente, se encarga de la administración del campo y del control de cobros del mercado mayorista nacional. Desde su oficina, situada junto a la báscula de pesaje, realiza su labor. 

La primera información, primordial

“El camión llega del campo, se pesa y en el ordenador preparo toda la documentación para ver los kilos y así enviarlo a la base de datos por categoría y procedencia. Se hace la previsión de entrada de producto y así se puede optimizar la producción”, explica. “La información que se mete en el ordenador en este momento es primordial”, remarca. Luego está el papeleo. “Diariamente recibo las transferencias del mercado nacional, controlo los pagos y vemos cómo van las coberturas, los plazos, etcétera”, relata. 

Tres décadas en un mismo lugar dan para conocer muy bien la empresa, la profesión, el sector y sobre todo a las personas. “¡Por el tono de la voz yo ya sé quién te quiere engañar! Aunque ahora tenemos un cerco porque hemos seleccionado bien con quien trabajar. Trabajamos con gente seria, responsable y con su cobertura”, asegura. 

“La seriedad es clave en el campo y la huerta” 

Esa es una de las evoluciones que destaca de la compañía en todo este tiempo, pero no es la única. “La marca GAMBÍN es una garantía. La calidad es la base de la buena imagen que tiene la empresa. Ahora y antes, cuando hacíamos mercado tradicional. Si coges una naranja GAMBÍN, es GAMBÍN desde arriba hasta el fondo. Y si la coges JOGASA, es JOGASA. Al cliente no le puedes engañar. Por eso la empresa es una referencia. Y eso en la huerta y en el campo hace mucho, porque ayuda tanto en las relaciones con los clientes como con los proveedores”, afirma. 

En su opinión, la formación ha sido fundamental para llegar a ello. “Se ha invertido y se invierte mucho en la empresa en formar a sus trabajadores. Y eso tiene sus frutos: la gente es más eficiente y todo funciona mejor. La profesionalización ha sido una apuesta de la dirección, junto a la conciliación para que las personas tengan su ocio y su vida fuera del trabajo. Hace años teníamos jornadas de trabajo más largas y que no llevaban a nada. Con la apuesta por profesionales bien formados eso se ha mejorado”, analiza. 

Sin olvidar, por supuesto, alguno de los valores irrenunciables de GAMBÍN. Para él, otra de las claves es el cuidado por el detalle. “Gente del sector que está harta de viajar y estar en otros sitios siempre dice que aquí no hay ‘rincones oscuros’. Que las instalaciones son un ejemplo de limpieza y orden”, asegura. Un orden que él mantiene de manera estricta en su parcela: “No me gusta tener el cajón lleno de papeles. Hasta que no los termino, no descanso. Soy un apasionado del orden y del control trabajo”. 

Una vida profesional llena de recuerdos 

Como no podía ser de otra manera tras una vida en la empresa, Carmona tiene múltiples recuerdos. “Me acuerdo mucho de la gente que se ha ido, empezando por el tío Quino, que todos los días llegaba a las dos de la tarde con su haz de leña para hacerse la comida. O de José Gambín, el padre de Pepe…”, evoca emocionado. “También me marcó el día que cerramos la venta tradicional y cómo tuve que llamar un viernes por la tarde a todos los clientes para decirles que el lunes no abríamos”, explica. “Eso sirvió para centrarnos en las unidades de negocio más importantes y para que cada profesional esté más centrado en la labor que le corresponde”, sopesa. 

Su mirada al futuro no puede ser más optimista: “Creo que vamos en la buena línea. GAMBÍN cada vez está en más países como exportador de cítricos, y continuaremos así siendo fieles a nuestros valores y el trabajo que siempre nos ha diferenciado”, pronostica. Algo de lo que él tiene la intención de seguir formando parte sin duda alguna: “No me imagino estar en otro sitio que no sea aquí”.