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GAMBÍN Almería: el éxito de un modo de hacer único

Equipo Gambin Almeria

En un mundo cada vez más globalizado, es sencillo caer en la tentación de dejarse llevar por las tendencias del mercado y las formas de hacer mayoritarias. Corrientes que prometen un éxito fácil y rápido, pero que suele ser efímero. 

En ese contexto, GAMBÍN Almería es un reducto de resistencia agrícola en la zona. Desde hace 20 años, defiende una particular concepción de uno de los cultivos por antonomasia de la región: el tomate. Entre decenas de kilómetros de invernaderos que cubren de blanco ese enclave del sur de España que no por casualidad ha sido bautizado como “mar de plástico”, la empresa con sede central en Cox (Alicante) es la artífice de que todavía se pueda seguir disfrutando de dos variedades cada vez más difíciles de encontrar: el tomate Bisonte y el Versalles

Cinco hectáreas de invernadero sirven de cuna a estos dos particulares productos, que son concebidos y cuidados con mimo tanto en las fincas de La Cañada, situada en las afueras de la capital almeriense, como de Almerimar, en El Ejido. Consecuencia de la persistencia y creencia de GAMBÍN durante décadas en un modo de hacer combinado con innovaciones sostenibles a la vanguardia de la técnica. Al frente de ellas, dos personas se erigen en custodios de ese tesoro: Amador y Lorenzo. 

Pero, ¿cuáles son los secretos del éxito de esta apuesta? En primer lugar, el producto. El Bisonte es un tomate de autor. “Una especialidad dentro del ‘commodity’ que es este cultivo”, explica Lorenzo, ingeniero que trabaja con Gambín desde el año 1983. Descrito como de “color Ferrari y sabor tradicional”, su volumen y gran resistencia lo hace muy deseado en los mercados internacionales. Por otro lado, el Versalles es un tomate achatado también con intenso color y sabor, pero de un tamaño menor. “Cuando todo el mundo pierde calidad en temporada baja, el nuestro se mantiene y nos permite ofrecer buenas calidades hasta entrado marzo”, explica Lorenzo. 

No habría, sin embargo, cultivo posible sin una correlación en el modo de hacer las cosas. El segundo gran motivo del éxito de GAMBÍN en Almería es una depurada técnica que tiene gran parte de su base en la gestión de sus invernaderos. Es aquí donde Amador tiene mucho que decir. Él es, entre otras muchas labores, el responsable de que en todo momento se lleve a cabo una agricultura tradicional, de gestión ecológica, prefiriendo la producción integrada mediante tratamientos biosanitarios que generan residuos cero. Supervisado por el departamento técnico de la central y en perfecta sintonía con Lorenzo, Amador lleva 20 años velando para que nada falle. Investigando para hacer de lo complejo algo simple. Analizando las particularidades del terreno y de un entorno cada vez más cambiante para realizar las variaciones oportunas. “Dentro del invernadero suceden muchas cosas y nosotros estamos siempre alerta para adelantarnos o reaccionar a tiempo a ellas”, explica. 

Cada una de las fincas es un mundo en sí mismo, y de su óptima gestión depende el producto final. Desde la solarización del terreno y el blanqueado de las cubiertas en mayo a la gestión del agua, pasando por los tratamientos y cuidados tras la siembra hasta coordinar la logística para el envasado y envío a miles de kilómetros. Señal esto último de la confianza del mercado en el tomate GAMBÍN y del reconocimiento a unos valores presentes durante décadas que impregnan todas y cada una de sus unidades.